“Y, ¿cuál es la diferencia entre hablar y emitir sonidos, palabras, frases y oraciones? La respuesta la dan, curiosamente, los loros y los pericos. Pero no nos alarmemos, ellos tampoco hablan, de hecho se parecen en este punto a las computadoras. Porque una cosa es que computadoras y loros hagan preguntas o digan frases y palabras (¡por favor, abróchese el cinturón! ¡buenos días!, ¡deposite su moneda! o ¡Tesoro, quítate tu uniforme!) y otra, muy diferente, es que entablen una conversación.
Hablar no es sólo hacer preguntas y dar órdenes o informaciones. Mucho menos es comunicar. Hablar es verbalizar nuestras emociones, nuestras maneras de ver y entender el mundo y remarcar nuestra identidad. Es, además, el modo de sentirnos, hacernos y sernos parte de algún grupo. Por eso, en ocasiones hablamos y no decimos nada, absolutamente nada y, en otras, tenemos que escoger con cuidado las palabras, su combinación o la ocasión adecuada para externarlas.
Al hablar llenamos de intenciones nuestra conversación. El contexto, con quien estamos charlando y lo que ya sabemos de antemano nos ahorran palabras y nos permiten decir mucho más sin decir casi nada. Es normal no ser cínicos y nos gusta dejar que quien nos escuche interprete nuestras frases y hasta nuestros silencios... con sus inseparables gestos y señas. Queremos que nuestro oyente vea lo que nosotros estamos recreando al platicar y que sienta casi lo mismo que nosotros”.
Leopoldo Valiñas
No hay comentarios:
Publicar un comentario